
Emocionante relato de una fan de Petra en Guatemala
Redacción La Batea Magazine
Hace aproximadamente 15 años, cuando mi hijo no tenía ni una semana de nacido, escuché por primera vez a una banda en un canal cristiano de televisión. Una banda de apariencia estadounidense tocar dos canciones y cantarlas en español, que al escuchar la batería de entrada me atrapó y me hizo sentir feliz en cada segundo de interpretación, me llenaba de emoción ver a la gente gritar, saltar y corear hasta el final de esa canción. Nunca supe -hasta ese entonces- qué banda era, pero la disfrutaba cada día. Pasaron 12 años y eso quedó en mi recuerdo.
Un día, cuando era parte de una radio cristiana en línea, uno de mis compañeros locutores dijo que haría un especial de la banda Petra. Todos felices compartían sus colecciones de discos y vinilos de la banda y yo disfruté cada canción que se programó. El locutor dijo que el siguiente bloque sería en español y me pareció interesante. En una de esas sonaron las dos canciones que había escuchado por la TV hacía tantos años... yo no paraba de llorar y me fui a internet a buscar justamente esa presentación y en efecto, era la banda que me hacía feliz cada mañana. Compartí eso con mis amigos y todos se emocionaron. Yo era feliz de haber encontrado a esa misteriosa banda, Petra.

Hoy, 15 años después, se da la oportunidad de tenerlos completamente en vivo frente a mí, y Dios fue tan hermoso como siempre conmigo, que me da tantas cosas y yo sin merecer nada, que puso en el corazón del organizador regalarme un All Access para ver a Petra en todo su esplendor. En mi país (El Salvador) armamos una excursión para ir a verlos a Guatemala... ¡y nos fuimos! Llegado el día nos tocó madrugar para poder disfrutar tanto el viaje como ser de los primeros en entrar al lugar donde sería el concierto.
Llegó la hora y yo no podía creer que iba a conocerlos en persona y sabía que irían a cantar esas dos canciones en español. A todo esto, yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar, llegué y saludé a todos mis amigos a los cuales tenía mucho tiempo de no verlos, cada uno desarrollando una tarea asignada como staff. Me sentí feliz por cada uno de ellos porque cada quien recibió una parte de ese pastel de 50 años llamado Petra. Había perdido la esperanza de que me autografiaran mi legendaria bandera, pero con verlos me daba por satisfecha. Cuando buscaba un lugar en donde ver en un buen ángulo me encontré con dos amigos en los pasillos y hablando con ellos, otro de mis amigos vi que llamaba a alguien, pero era a mí a quien llamaba. Cuando fui hacia él me dice: "Antes que otra cosa pase porque ellos están por subir a tocar, venite conmigo para que los saludes y te firmen tu bandera". Yo no podía creer lo que había escuchado y sin despedirme de mis amigos me fui detrás de este otro amigo que llegó a buscarme. Íbamos pasando toda la seguridad que cuidaba de la banda y pasamos hasta los camarines, alcancé a escuchar la voz de John Schlitt y mi cuerpo se estremeció, yo no quería ni verlo de la emoción, no podía creer que estaba en la misma habitación donde esta Petra.
Mi amigo me dijo: "Allí están, háblales". Yo perdí la voz, no sabía ni saludar en inglés (jaja). Cuando John se levantó, solo pude abrazarlo fuerte y llorar de la emoción. Pensar que pasé tantos años buscando de ellos y ahora lo tenía frente a mí y en mis manos.

Bueno, lo saludé y le pedí a mi amigo que me ayudara a contarle cómo fue que pasé buscándolo, y él, bien emocionado, me dijo que estaba feliz de haberme conocido. Yo solo quería abrazarlo y llorar de la emoción, y pues, por fin todos firmaron mi bandera que me acompaña en los conciertos y nos tomaron la foto que tanto deseaba. Todavía me parecía un sueño, y solo recuerdo la sonrisa de John viéndome toda emocionada.
Llegó la hora en que ellos salieran al escenario y yo solo podía llorar y verlos sin perderme nada de lo sucedido en el escenario. Casi al finalizar el concierto cantaron las dos canciones con las que los conocí y me mandó hasta ese momento cuando los vi por televisión por primera vez; no pude contener mis lágrimas y grité cada palabra de cada canción en español. Fue increíble que estuvieran allí y pudiera conocerlos en persona y ellos saber de mi existencia. Creo que hasta este momento ha sido el mejor concierto de mi vida. Estoy satisfecha por todo lo acontecido y agradecida con los organizadores y por los amigos que el Señor ha puesto en mi camino. Me siento muy bendecida por todo lo que Dios me permite vivir.
Alexandra Ramírez



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