Por Damián Sileo (*)
Visión Joven cumple 30 años desde la salida de aquél primer ejemplar y buscamos realizar este cálido homenaje en reconocimiento de quienes dejaron una enorme y bien marcada huella en el incipiente “periodismo cristiano”. Una recorrida testimonial y anecdótica contada por quienes, mes a mes, llenaron páginas inolvidables que convirtieron a esta publicación en una revista de culto. Desde su creador y director, Alejandro Valdovinos, hasta este servidor, que tuvo el privilegio de cerrar su ciclo en la revista siendo jefe de redacción, pasando por sus redactores, columnistas y fotógrafos. Todos ellos, contaron sus vivencias durante su estadía en esta revista cuyo slogan aún hoy sigue retumbando en los oídos: “Por una juventud victoriosa en Cristo”.

Hablar de rock en el ambiente evangélico de los ’80 era poco menos que una herejía. Y si a eso se le sumaba la pretensión de que con el rock se pudiera hacer algo de corte cristiano se podría decir que uno se compraba todos los boletos para ser expulsado de su congregación. Sin embargo, hubo gente que no lo pensó de esa manera y decidió usar esta corriente musical que tenía recién pocos exponentes cristianos, para salir al ruedo con una publicación dirigida a la juventud. Así fue que a finales de la década de los ’80 surgía Visión Joven, un periódico mensual que en su número 0 (septiembre de 1989) apenas si contaba con 8 páginas y una portada para el recuerdo: la de los ex integrantes de la mítica banda de heavy metal V8, recién convertidos al evangelio.
Chispas, truenos y relámpagos pudieron verse en los cielos eclesiásticos cuando los primeros promotores del novedoso fanzine pretendían vender a los jóvenes algún ejemplar. Si la palabra “proscripto” tenía algún sentido en plena democracia, estaba dado por la situación que vivía Visión Joven en relación al circuito al que quería dirigirse. Mientras en las librerías de las iglesias más liberales se veían, casi a escondidas, el piloncito de diarios, otras, directamente, tenían estrictamente prohibido que ingresara un ejemplar que “contaminase” a los jóvenes.
La aventura de Alejandro Valdovinos, creador y director de Visión Joven, parecía llegar a su fin apenas comenzada, pero cuando la visión y el llamado son claros, se le hace frente a todo lo que se oponga.
Ale lo recuerda de esta manera, con una anécdota muy particular que pinta de cuerpo entero el espíritu y la mística de la singular publicación: “Había un joven llamado Santiago. Lo más interesante es cuando comenzaron a llegar los testimonios. Resulta que nuestras revistas se repartían en las cárceles del país. Un día recibimos la carta de un joven llamado Santiago, diciendo que había creído en Cristo y la revista le ayudaba mucho, pero que se sentía muy solo. Entonces, en la próxima edición, le pedimos a nuestros lectores que «Enviaran un aguante a Santiago», y transcribimos la dirección del penitenciario. Un año después, alguien con voz muy rasposa, llamó por teléfono pidiendo por el «director». Me dijo que él era Santiago, y que ya estaba libre. Quería agradecer lo que hicimos por él, y me contó que hubo semanas en que recibía hasta 75 cartas por día de todo el país, y que él se carteaba con muchos también, era la envidia del penal. Una de esas cartas, la enviaba a una chica, cristiana, y se enamoraron tanto, que se terminaron casando. ¡Pero ahí no termina todo!, me dijo, y continuó diciendo con la voz entrecortada: Yo desde muy joven vago solo por las calles, había perdido todo contacto con mis padres, y resulta que por casualidad, cuando los vecinos de la casa de mi novia salieron afuera, los vi y no lo podía creer, ¡eran mis padres! Cuando dijo esto se quebró, y yo también. Hubo un momento de silencio, en el cual el Espíritu Santo se hizo sentir con una presencia más allá de las palabras, y ambos, sin hablar, supimos de quién había sido la obra.”

Aquellos primeros años fueron de sangre, sudor y lágrimas, y cada edición que salía de imprenta era un verdadero parto. A los contratiempos antes mencionados, se le sumaba que Argentina venía saliendo de una enorme crisis económica (¡Ups! Al parecer estas cosas ya existían).
Pero, para quienes piensan que VJ solo se trataba de rock, hay que decir que no es así. Visión Joven fue un medio precursor a la hora de marcar una línea editorial con cierta osadía, tocando temas que, generalmente, no eran tratados en el ámbito evangélico. Por eso, en aquellos primeros números del periódico, íntegramente impreso en blanco y negro y en papel de diario, se podían leer extensos artículos sobre drogas, SIDA, educación sexual, aborto, jóvenes y política, y un sinfín de temas que no eran desarrollados en el entorno eclesiástico de ese momento. Hoy, a la distancia, podemos decir que Visión Joven estaba adelantada a su época.
Pablo Bedrossian fue el primer Jefe de Redacción formal que tuvo el periódico, recién cuando cumplía su primer año de vida, y Valdovinos ya comenzaba a ocupar un rol ejecutivo de manera más oficial, dejando de ser el hombre pulpo que fue al principio, cuando junto a Myriam Macri realizaban todas las tareas: desde la producción de las notas, la diagramación, el envío a imprenta y hasta la distribución de los ejemplares. Bedrossian rememora aquellos momentos diciendo que «trabajé como secretario de redacción de Visión Joven unos tres años, casi desde el principio. Representó una etapa especial de mi vida. Junto a un equipo de jóvenes periodistas, en su mayoría sin experiencia, intentamos crear una conciencia diferente donde la fe estuviera acompañada de reflexión y la música tuviera un significado más profundo que el mero entretenimiento. Fue rebelarnos contra lo light y las tradiciones para acercarnos más a Dios y al prójimo sin caretas, tal como somos». Por su parte, Myriam recuerda que “hace 30 años la iglesia, en general, comenzó a llenarse de jóvenes; había llegado el avivamiento y muchos se acercaron al Señor. En ese momento en el que nadie hablaba directamente a los jóvenes nació Visión Joven para hablarles de sus temas de interés, de música, de eventos. Llegamos para cubrir esa necesidad”.

Con el tiempo, fue tomando forma un equipo de producción conformado por jóvenes entusiastas que, a través de sus escritos, ponían de manifiesto las ganas de revolucionar el periodismo cristiano. Y vaya si lo hicieron, abordando estas temáticas antes mencionadas, pero realizando coberturas de eventos desde una mirada crítica, objetiva, ácida en algún momento, formas que hacían de Visión Joven un medio transgresor y agresivo, en el sentido periodístico, claro está. Quien suscribe, inició su trayecto allá por fines de 1991 y su primera cobertura periodística fue nada más y nada menos que las jornadas con Billy Graham en el Estadio River. Este inicio en el trabajo de campo, con decenas de coberturas, depositó a Damián Sileo como Jefe de Redacción tras la ida de Bedrossian y el paso temporal de Ramón Valdéz en esa función. El equipo de producción estaba bien cimentado, con excelentes escritores como Marcelo Bellotta, Alejandro Gómez, Viviana Vecchi, Daniel Trinchina, María Julia Oliván, Sergio Capandeguy, Horacio Piccardo, María Laura Fernández, César Dergarabedian y Leandro Dagostino, entre tantos nombres que hicieron su aporte. Eran tiempos donde era ansiada la llegada, con meses de retraso, de los ejemplares de la revista musical CCM, desde donde Virginia López Grandjean, Geraldine Lencina y Daniel Soria realizaban magistrales traducciones que llevaban al lector al conocimiento de la movida musical en los Estados Unidos, y dando a conocer a innumerables artistas que hoy están al alcance de la mano, pero que en aquél tiempo solo se sabía a través de las páginas de Visión Joven. Y en lo que respecta a la cobertura local, siempre estaban documentadas por el lente maestro de Daniel Orfano, un fotógrafo que al día de hoy goza de una reputación producto de años de experiencia y gran nivel de su trabajo, junto a una calidad humana extraordinaria.
Otro rasgo característico de la publicación eran las fabulosas ilustraciones del eximio dibujante Gustavo Mazali, que le imprimía su sello característico a cada uno de sus dibujos, haciéndolos únicos.

Textuales
“Principios de la década del noventa. No recuerdo muy bien la fecha exacta, ni las circunstancias en que llegué a las oficinas de Visión Joven (que entonces se publicaba en papel) en Capital. Lo que sí recuerdo es que al unirme al staff comenzó una de las experiencias más lindas de mi vida. Trabajar con un grupo de gente con una visión fresca, dinámica, positiva, de servicio, una publicación hecha por jóvenes y para jóvenes cristianos. Desde mi papel como cronista de música cristiana internacional, buscando info en publicaciones en inglés, traduciéndola y adaptándola a nosotros, me divertí, aprendí, y fui bendecida. Pero, sobre todo, hice amigos para toda la vida, gente hermosa y ‘de fierro’, que valoro profundamente. Y hasta tuve mis pequeños privilegios, como entrevistar a artistas internacionales en otros países… ¡Una experiencia hermosa e inolvidable de la que siempre quiero seguir siendo parte!”
(Virginia López Grandjean).

“Haber trabajado en Visión Joven fue lo mejor que me pasó a nivel laboral. Se conjugaron varias cosas que produjeron una química perfecta: música, periodismo y amigos. Fue un sueño hecho realidad, un lugar perfecto para expresar lo que uno quería a través de la revista. ¿Un sueño? Que vuelva Visión Joven con esa frescura que siempre nos caracterizó”. (Javier Dinovitzer)

“Recordar mi paso por Visión Joven es recordar mis años de juventud, donde los sueños afloraban con mucha fuerza. Fue en los años ‘90, mis primeros pasos, mis primeras notas, el diario me dio la oportunidad de conocer primero y entrevistar luego, a artistas que comenzaban a hacer carrera en Argentina como Ricardo Montaner, Juan Luis Guerra, cantantes consagrados como el ‘Puma’ Rodríguez, también intelectuales argentinos como Alejandro Dolina, entre otros. La pregunta que nunca faltaba en las notas era: ‘¿Usted cree que existe Dios?’
Fue una gran escuela, una experiencia que nunca olvidé. Un diario cristiano orientado a los jóvenes de las iglesias evangélicas y también a los que no eran evangélicos.
Recuerdo con mucho cariño a Alejandro Valdovinos y a Myriam, a Pablo Bedrossian y a Marcos Fernández Volpe, quienes siempre me incentivaron para seguir el camino del periodismo y las comunicaciones.
Con los años logré recibirme de Licenciada en Comunicación Social, pero siempre me emociona recordar mi cuna. Ahí comenzó todo, lo que se dice, el momento cero”. (María Laura Fernández).

“Cuando me convertí al Señor me agarró un inesperado amor por la música cristiana y todo lo que tenía que ver con ella. Eso me acercó rápidamente a un ejemplar de Visión Joven. Me pareció una revista única en la forma de cubrir la cultura juvenil cristiana, donde la música ocupaba un lugar principal.
El ofrecimiento para trabajar a tiempo completo fue increíble, ser parte del staff que admiraba. Una mezcla de profesionalismo, gente que sabía de qué se trataba, que interpretaban correctamente el amplio gusto juvenil, mezclado con el cuasi amateurismo de adolescentes y jóvenes que se ponían la camiseta de VJ para vender la revista en sus propias congregaciones.
En varias cosas noté un aire casi ‘transgresor’, sin prejuicios ni estereotipos, como haciendo camino al andar, lo que trajo algún que otro problema con lo que, tal vez en forma inconsciente, estaba impuesto, pero que también sirvió para ‘comprarse’ a una buena parte de la juventud de aquellos años.
Dejar de estar dejó un vacío que nadie quiso o supo ocupar. Ojalá ese vacío algún día vuelva a llenarse. Que así sea…” (Marcelo Lipoveski).

“Treinta años… ¿ya? ¡Pero si fue ayer nomás que conocí dónde se redactaba y diseñaba Visión Joven! Recuerdo esos días y pienso en innovación, energía, mentes vibrantes y abiertas, llenas de ideas. Creo que fue vanguardia en esa época y en ese contexto. Los recuerdos son alegres, llenos de risas, conversaciones con contenido. Conocí gente muy interesante y muy diversa. Fue genial haber sido parte de ese proyecto en sus inicios!” (Geraldine Lencina).

“Celebro la oportunidad que tuve en la década del ‘90 cuando estaba estudiando periodismo y se dio la posibilidad de trabajar en Visión Joven, que está por estos días festejando sus treinta años. Ocasión en que pude conocer a mis compañeros en esa época como Damián y Virginia, con quienes hoy mantengo una amistad. Fue un tiempo divertido. Cubrir recitales y eventos deportivos cristianos, que posteriormente, a través de Radio Trans Mundial, que funcionaba en el mismo edificio, nos abrió la puerta para hacer un programa de deportes con Damián, y brindar noticias deportivas pero con un enfoque cristiano. Fue así que disfrutamos unos meses juntos haciendo ‘Minuto 91’. Salud Visión Joven y saludos a los compañeros de esa época». (Daniel Trinchina)

“Seguramente no fuimos los únicos, pero sí unos de los primeros. Más allá del derrotero de cada uno de los que estuvimos allí, uno recuerda con gran alegría las reuniones con Pablo Bedrossian y compañía. Era nuestro espacio de ‘responsabilidad lúdica’ el cual, pese a eso, era tomado con mucha seriedad. Faltó el documental memorioso, no tanto por aquellos que formamos parte de él, sino de las historias que tejieron la continuidad de la revista. Hablo de los lectores, los que mensualmente sin demora, enviaban sus cartas cuando la era de la tecnología antes de la «Y2K» permitía eso y los mensajes de texto no habían aparecido. A ellos, GRACIAS porque, como decía un host televisivo de los años ‘80 en Canal 11 ‘Sin ustedes allí, nosotros aquí, ¿para qué?’». (Alejandro Walter Gómez).

“Que 30 años no es nada… Al cumplirse 30 años de la creación de ‘Visión Joven’ fui convocado por mi compañero de redacción para escribir mis impresiones, y no puedo hacerlo sin que al tipear en el teclado se me escape un lagrimón. Es que ese periódico juvenil me permitió en forma didáctica descubrir mi vocación. En tiempos donde las computadoras trabajaban con disquetes grandes y allí se diseñaba con las primeras Macintosh (precursoras de las Mac), pude plasmar las primeras reseñas de mi banda: Nuevo Pacto. Allí encontré a un verdadero visionario del rubro, Alejandro Valdovinos, que supo interpretar la necesidad del público adolescente. Vale aclarar que en aquella época las nuevas tecnologías como internet y la telefonía celular estaban recién despuntando, por lo cual las publicaciones de papel eran vitales para la propagación de la información.
En mi caso, fue una experiencia sumamente enriquecedora. Ya que además de contar con un jefe de redacción de lujo como Pablo Bedrossian, que tuvo la amabilidad de venir a cubrir uno de nuestros conciertos en la villa 1-11-14, pude aceptar nuevos desafíos. Tales como desarrollar una sección sobre la problemática juvenil de ese entonces, como así también mi columna de contratapa sobre los “antitestimonios”, donde abordaba la experiencia de músicos populares que en alguna oportunidad tuvieron una ‘experiencia religiosa’ y luego la abandonaron a causa de sus excesos. Sin olvidarme del memorable artículo sobre el Big Bang, que mereció la crítica del diario Clarín por mis opiniones extremistas sobre el tema.
Lo cierto es que gracias a ello, luego pude comenzar mis estudios de periodismo en la universidad. Además de colaborar en otros medios gráficos, radiales y televisivos. Así que siempre tendré presente ese incipiente comienzo como la gran oportunidad de descubrir ese talento que Dios puso en mí y que gracias a su bondad sigo desarrollando hasta nuestros días.” (Marcelo Bellotta).

“Inolvidable experiencia es la de haber colaborado con la revista más buscada y leída por la juventud de los 90′.
Al entrar a la redacción se percibía una atmósfera de cordialidad, respeto y profesionalismo que se manifestaba en cada artículo publicado.
Recuerdo la magia de ver las fotos que yo había entregado en papel, digitalizadas y expuestas en el monitor del Mac que operaba Alejandro Valdovinos para editar las notas que saldrían en el próximo número.
Sin dudas, ¡una experiencia inolvidable!” (Daniel Orfano).

«Mi experiencia con Visión Joven fue una herramienta que Dios usó para consolidar mi relación con Él, primero como lector y luego como colaborador. La primera nota la publiqué en 1993, a los 16 años y la última en 1995.
El ambiente diverso que la nutría, a pesar de las diferencias de orígenes denominacionales de sus colaboradores, el nivel de apertura, duda, debate y de análisis crítico que reinaba en la redacción era algo único.
Creo que si analizamos minuciosamente las notas publicadas en Visión, llegaríamos a la conclusión que muchas de sus preguntas, hoy se encuentran vigentes y sin respuesta». (Leandro Andrés D´Agostino).

“Haber sido parte de Visión Joven fue una gran experiencia personal, y además un gran privilegio. Si bien desarrollé mi carrera en medios radiales y televisivos, la palabra escrita permite otro grado de reflexión que el que permiten los medios audiovisuales.
Fue un placer comentar aquellos CDs que fueron la banda sonora de los jóvenes de las iglesias de los 90’. También participar de recitales. No me olvido de una cobertura que realizamos en el boliche Cemento, en un festival de heavy metal del que participó Logos, la banda de Beto Zamarbide. Nunca fui del ‘palo’ metalero, pero igualmente lo disfruté.
Como todo mojón en la historia, los que lo colocan lo hacen sin saber que están marcando un camino. En una época en la que no había Internet, los videos se hacían en VHS y sacar un CD era toda una aventura, Visión Joven demostró que era posible dar un paso adelante en la difusión de una cultura joven.
Para terminar, dejo una anécdota. Nos habíamos reunido en la casa de Pablo Bedrossian, y él decía: ‘¡Qué bueno sería que todos tengan computadoras y que todas estén interconectadas, así nos enviamos las notas sin movernos de casa!’. Un adelantado”.
(Pablo Juan González).

Además de los escritores permanentes, Visión Joven contó con columnistas de lujo, aunque en aquél entonces se trataba de ilustres desconocidos, pero que con los años han logrado una notoriedad digna del trabajo que fueron desarrollando. Tales los casos de Marcelo Díaz (hoy en la política), Lucas Leys (uno de los capacitadores de líderes juveniles más importantes de este tiempo) y Dante Gebel, tal vez el embajador evangélico de mayor trascendencia en el mundo hispano en los Estados Unidos. Todos ellos hicieron un aporte invalorable en las páginas de Visión Joven con escritos que ya iban definiendo para qué lado iban rumbeando cada uno de ellos. Y el tiempo lo corroboró. Marcelo Díaz reconoce esos años en Visión Joven como un medio que lo erigió como columnista y escritor de aquellos temas poco tratados en el ambiente: “Siempre me gustó escribir. Y principalmente sobre temas que ayudaran al liderazgo de jóvenes a crecer en su capacidad de análisis. La revista Visión Joven fue un espacio muy bueno para desarrollar asuntos que, quizás no se hablaba demasiado en el ambiente cristiano juvenil. Para mí, fue una muy buena experiencia en mi desarrollo como columnista, y agradezco a Dios que me dio esa oportunidad”, dice.

Y para cerrar, una reflexión al estilo Gebel escrita por…. el mismísimo Dante, que no quiso perderse esta producción histórica e hizo su aporte, a la distancia, para ponerle broche a este viaje por el tiempo.

“Eran los tiempos donde no existían las redes sociales, todo era tracción a sangre. Para que alguien más supiera de tu vida y ministerio, había que remar y remar en dulce de leche. Recorrer a pie las editoriales, las emisoras, repartir cassettes, mandar por fax algunas gacetillas de prensa, andar con el baúl del auto cargado (en el caso que llegaras a tener un auto, sino era cargar la mochila en el colectivo) con tus libros, tus afiches, o lo que sea que produjeras.
Por eso fue tan importante Visión Joven, porque el solo hecho de aparecer allí, ¡era lo que para un rockstar salir en la portada de la Rolling Stone!
Tengo un enorme cariño y agradecimiento a Alejandro Valdovinos; un fuera de serie, loco, polémico, controversial y querible; un adelantado total. El primer tipo que supo usar el marketing a su favor en esta pequeña industria.
Lo recuerdo diseñar alguna portada de Visión Joven en ojotas y pantalón corto, solo porque en esa semana le pintaba la locura de estar descontracturado. Y al día siguiente con corbata y traje, solo porque se había levantado con ganas de ser más formal. Y así era el periódico, como su creador, una montaña rusa, un desparpajo absoluto; y eso lo hacía fascinante.
Valdovinos estaba desquiciado (o quizá se hacía); un día nos juntó a todos (cantantes, predicadores, productores, la mayoría éramos impresentables; la Biblia y el Calefón de Discépolo), nos sacó una foto de portada y la tituló: ‘Y después de Marcos Witt… ¿qué?’.
Eran los tiempos en que venía Marcos al estadio Obras y no dejaba títere con cabeza. Eran los tiempos en que los cantantes te cobraban con la frase ‘Asegurame la venta de 80 cassettes y te voy a cantar al cumpleaños. Comprame 150 y te bailo la conga’.
Y Marcos los llamaba “Hartistas… con H de hartazgo”. Y el negocio se venía abajo, porque en ese entonces, Marcos era… Marcos. Tenía un pequeño bigotito y llegaba con el universo Marvel de los ‘90: Lozano, Alvarado, el Chuy Olivares, Barrientos, y Andrea Francisco de heroína local invitada.
Y en medio de aquella grieta (sí, fuimos los pioneros en eso de la grieta), Valdovinos era una suerte de Lanata, aprovechando el momento para imponer Visión Joven, y obvio que lo supo hacer.
Su teléfono no paraba de sonar con frases del tipo: ‘¡Si sabía que ibas a titular así, no me prestaba para la foto!’. Valdo, que esa semana pintaba de andar en ojotas, se reía y seguía facturando. ‘Estos no saben lo que es vender una nota’, nos decía con sus ojos saltones de no dormir tres noches seguidas por quedarse a diseñar. No existían las redes sociales, pero él sabía generar lo mismo, aunque todavía nadie las había inventado.
Yo fui ‘la revelación juvenil’ en una de las ediciones, allá en el año ’93, por hacer una reunión en Parque Sarmiento. Luego me permitió escribir una columna, y hasta dibujar. De allí salió un semillero, era una cantera de talentos. Damián Sileo, Lucas Leys, Ulises Eyherabide, uff. Hoy somos todos tipos grandes, pero habiendo compartido el mismo génesis de la gráfica. A todos los que fuimos parte, hoy no nos logra volver a juntar ni la amenaza del Armagedón. Pero Alejandro nos tuvo a todos, y hacíamos fila para que nos publique un par de líneas.
Como dice el tango, se me piantó un lagrimón con el sólo hecho de pensar que ya pasaron tres décadas.
Con el correr de los años yo también dirigí una revista, impulsado por lo que había visto que sucedió con Visión Joven, tratando de emular aquel fenómeno. Pero nunca fue igual. ‘Visión’ tenía mística, arte, locura y algo de descontrol, tal como fluctuaba el estado de ánimo de su Director. Y eso lo hacía único, como todos los pioneros en su género. Celebro por aquellos años en que preguntábamos: ‘Che ¿sabes si ya salió la Visión?’” (Dante Gebel).

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